Sextech en cifras: cómo los juguetes sexuales conquistan el mercado global - Región Digital

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martes, 13 de enero de 2026

Sextech en cifras: cómo los juguetes sexuales conquistan el mercado global

La industria del placer ya no es nicho: es un mercado global multimillonario que crece más rápido que muchos sectores tecnológicos tradicionales. 

Según datos recientes, el mercado mundial de juguetes sexuales alcanzó en 2023 un valor de 40.600 millones de dólares, de los cuales 15.600 millones corresponden solo a Estados Unidos. Las proyecciones para 2030 hablan de 80.700 millones a nivel global y 55.000 millones en EE. UU., con un crecimiento anual compuesto cercano al 13 %, cifras más propias de una startup de alto rendimiento que de un “producto tabú”.

Más allá de los ingresos, los datos de uso muestran hasta qué punto la sextech se ha integrado en la vida cotidiana. En 2023, el 78 % de los estadounidenses posee al menos un juguete sexual, frente al 65 % registrado en 2017, y la mitad de la población afirma usarlos semanalmente. El fenómeno no es marginal ni exclusivo de minorías urbanas: hablamos de un hábito extendido en todas las edades adultas y atravesado por diferencias de género, orientación sexual y región geográfica, con Europa comprando incluso más juguetes que Estados Unidos.

El desglose por género revela un patrón claro: la mayoría de las ventas se concentra en productos dirigidos a mujeres. El 82 % de las mujeres estadounidenses declara tener al menos un juguete sexual, y los vibradores se sitúan como el dispositivo más frecuente en sus colecciones. Entre los 18 y los 60 años, el 69 % de las mujeres tiene al menos un vibrador, y un 39 % prefiere usar juguetes sola antes que con pareja, lo que habla tanto de autonomía sexual como de una reorganización del placer más allá del guion romántico convencional.

En el caso de los hombres, la fotografía estadística también desafía tópicos. El 75 % posee al menos un juguete sexual, con los juguetes anales como categoría más popular dentro de este grupo. En solo seis años, la posesión de este tipo de productos se ha triplicado, pasando del 16 % en 2017 al 46 % en 2023, un salto que refleja tanto curiosidad exploratoria como una mayor legitimación del placer anal masculino. Al mismo tiempo, las personas LGBT gastan en promedio un 13,4 % más al año en productos sexuales que las personas heterosexuales, marcando un segmento especialmente dinámico del mercado.

Paradójicamente, esta adopción masiva convive con una sensación social de tabú creciente. Según las mismas encuestas, el 73 % de la población considera que los juguetes sexuales siguen siendo un tema tabú, diez puntos más que hace seis años. Es decir, se compran y se usan más que nunca, pero se habla de ellos con la misma incomodidad —o incluso mayor— que antes. Desde la perspectiva de la comunicación, la industria opera en una tensión constante: construir narrativas de bienestar y autocuidado mientras lidia con marcos morales que todavía asocian estos productos con vergüenza o desviación.

La digitalización del consumo explica buena parte de este desajuste entre práctica y discurso. Aproximadamente el 70 % de los estadounidenses compra sus juguetes sexuales en línea, frente a un 31 % que sigue acudiendo a tiendas físicas. El comercio electrónico ofrece anonimato, variedad y comparación de precios, pero también traslada el poder a grandes plataformas y motores de recomendación que ordenan qué productos vemos, qué reseñas leemos y qué marcas ganan visibilidad. En paralelo, informes de mercado señalan que la integración de inteligencia artificial, conectividad y robots sexuales es uno de los motores de crecimiento del sector a medio plazo.

Estas cifras colocan a la sextech en el centro de debates sobre poder, política y regulación. No se trata solo de una industria del entretenimiento, sino de un campo donde se negocian derechos sexuales, privacidad de datos íntimos, inclusión de identidades diversas y modelos de negocio basados en la hipersegmentación algorítmica. Para medios como Región Digital, la estadística no es un adorno: es la herramienta que permite ver el contraste entre lo que la sociedad dice sobre el sexo y lo que realmente hace con su carrito de compras. El reto, de aquí en adelante, será discutir este mercado con la misma seriedad con la que se analizan otras tecnologías emergentes.

Fuente: Bedbible Research Center, “The State of Sex Toys – 100+ Industry Statistics”, 2024.

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