El 27 de febrero de 2026, en el complejo de investigación de Cadarache, en el sur de Francia, el reactor WEST logró mantener un plasma de fusión estable durante 1,337 segundos —más de 22 minutos—, superando un récord mundial que llevaba años sin moverse significativamente. La fusión nuclear, el mismo proceso que hace brillar al Sol, pasó de ser una promesa científica de décadas a una carrera industrial activa entre potencias, con anuncios de hitos técnicos casi mensuales durante 2026.
China no se ha quedado atrás: su reactor EAST (Tokamak Superconductivo Avanzado Experimental) alcanzó en enero de 2026 un plasma de alto confinamiento durante 1,066 segundos, más del doble de su propio récord anterior, y en agosto logró operar en un régimen de densidad libre que podría ser clave para alcanzar las condiciones de "ignición" —el punto en que la reacción de fusión se sostiene por sí sola—. Pekín construye además un imán superconductivo de 582 toneladas que supera en capacidad al del proyecto internacional ITER, y avanza hacia BEST, un reactor experimental orientado a producir entre 20 y 200 megavatios de potencia de fusión real, un paso directo hacia la generación comercial.
La competencia no se limita al ámbito estatal. Startups de fusión nuclear captaron más de 12,000 millones de dólares en inversión global en los últimos años —una cifra sin precedentes en tecnología energética—, impulsadas tanto por la urgencia de descarbonizar la economía como por la demanda creciente de electricidad de los centros de datos e inteligencia artificial. Empresas como Commonwealth Fusion Systems y Helion avanzan en reactores más pequeños y modulares que podrían llegar a mercado antes de lo previsto originalmente, mientras Reino Unido anunció en 2026 una inversión récord de 2,500 millones de libras esterlinas para su proyecto STEP, que aspira a ser la primera planta de fusión comercial del mundo conectada a la red eléctrica nacional, con más de 10,000 empleos cualificados proyectados. La Unión Europea, por su parte, sumó 5,000 millones de euros adicionales para acelerar sus propias tecnologías de fusión.
La diferencia frente a la energía nuclear convencional es lo que explica tanto entusiasmo: la fusión no genera residuos radiactivos de larga duración ni conlleva el riesgo de fusión descontrolada del núcleo característico de los reactores de fisión actuales —si el sistema falla, el plasma simplemente se apaga—. El consenso técnico apunta a la primera conexión comercial a la red eléctrica en algún punto entre 2026 y 2030, aunque expertos más conservadores sitúan la operación comercial a gran escala recién después de 2040. Lo que sí parece haber cambiado de forma irreversible en 2026 es la naturaleza de la carrera: dejó de ser un desafío exclusivamente científico para convertirse en una disputa geopolítica declarada por el liderazgo industrial de lo que podría ser la fuente de energía más limpia y abundante jamás desarrollada por la humanidad.
Fuentes: El Español, El Ecosistema Startup, Impact Affiliate, Diario en Positivo, Think.es.

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