México se encuentra en la etapa más avanzada de su historia para construir un marco legal integral sobre inteligencia artificial. Tras meses de trabajo conjunto entre legisladores de Morena, PAN, PVEM, PRI, PT y Movimiento Ciudadano, el Senado prepara la que sería la primera Ley Nacional de Inteligencia Artificial del país, un proyecto que clasifica las infracciones en tres niveles —leves, graves y gravísimas— y contempla penas de prisión para el mal uso de la tecnología, incluida la manipulación electoral mediante IA o la creación de deepfakes sexuales sin consentimiento.
La propuesta, impulsada originalmente por la senadora Karina Ruiz (Morena) y perfeccionada en comisiones a lo largo de 2026, plantea la creación de una Autoridad Nacional de Inteligencia Artificial como ente regulador central, además de una Estrategia Nacional de IA, un Fondo Nacional para el Desarrollo de la IA y un Sistema Nacional de Certificación que clasificaría los sistemas según su nivel de riesgo. Los de alto riesgo —aquellos que inciden en derechos humanos, seguridad nacional o estabilidad democrática— estarían sujetos a registro obligatorio, auditorías y certificación.
La iniciativa ha generado un debate más amplio que el estrictamente legislativo. La Asociación Mexicana de Internet (AMIX) ha advertido que conceptos ambiguos como "manipulación de la narrativa" o "riesgos informativos", sin definiciones precisas, podrían prestarse a interpretaciones discrecionales por parte de la autoridad, mientras que especialistas citados por medios como Infobae señalan un problema estructural de fondo: la falta de inversión sostenida en infraestructura tecnológica y ciberseguridad podría hacer que la aplicación de la ley dependa más de criterios discrecionales que de evaluaciones técnicas rigurosas.
El contraste es notable: mientras el Congreso discute un marco regulatorio inspirado en el modelo europeo, datos del INEGI muestran que la adopción de inteligencia artificial en México es profundamente desigual, con el norte del país —impulsado por el fenómeno del nearshoring— muy por delante del sur. Estudios recientes asocian el aumento en la adopción de IA con un incremento del 5.2% en la producción bruta y del 3.8% en los salarios, pero advierten que esos beneficios podrían profundizar, en lugar de reducir, la brecha regional si la regulación no viene acompañada de inversión en capacidades técnicas y talento especializado.
El resultado es una paradoja que definirá buena parte del debate tecnológico mexicano de los próximos años: un país que busca posicionarse en la gobernanza global de la IA de cara al G20, sin haber resuelto todavía sus rezagos más básicos en infraestructura digital y formación técnica.
Fuentes: Infobae, BASHAM, El Informador, Roastbrief, Fixdata, ADN40.

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