Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dibujan un mercado laboral mexicano de señales encontradas: mejora en algunos indicadores de bienestar económico, pero deterioro persistente en la calidad y formalidad del empleo.
Por el lado positivo, la pobreza laboral —medida como el porcentaje de población cuyo ingreso per cápita es insuficiente para adquirir la canasta alimentaria básica— disminuyó 3.1 puntos porcentuales entre el cuarto trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025, al pasar de 35.4% a 32.3% a nivel nacional. La caída fue más pronunciada en el ámbito rural, donde bajó 4.1 puntos, hasta 46.6%. El ingreso laboral real per cápita creció 5.3% anual en el mismo periodo, impulsado en parte por los incrementos al salario mínimo.
El panorama se complica al observar la calidad del empleo. En marzo de 2026, la tasa de informalidad laboral se ubicó en 54.8% de la población ocupada, un nivel prácticamente estancado respecto al año anterior y que implica que más de la mitad de los trabajadores del país carece de acceso a seguridad social, estabilidad laboral y prestaciones. La tasa de condiciones críticas de ocupación —que mide bajos salarios y jornadas extensas— aumentó de 38.4% a 39.6% en el mismo periodo, mientras que la tasa de participación económica cayó de 59.3% a 58.6%, lo que sugiere que una porción creciente de la población dejó de buscar empleo activamente.
La informalidad, además, tiene una geografía muy marcada: entidades como Oaxaca (80.1%), Guerrero (75.7%) y Chiapas (74.9%) registran los niveles más altos del país, mientras que Coahuila (33.3%), Nuevo León (35.4%) y Chihuahua (36.2%) —estados beneficiados por el auge del nearshoring en el norte— presentan los niveles más bajos. Esta brecha regional coincide con el patrón de inversión extranjera directa y desarrollo industrial documentado en otros indicadores económicos del país.
La lectura de conjunto que hacen los propios boletines del INEGI es clara: el mercado laboral mexicano genera empleo de forma sostenida —60.2 millones de personas ocupadas al cierre del primer trimestre de 2026— pero enfrenta retos persistentes en términos de calidad, equidad de género y formalización, con una brecha entre el crecimiento de la ocupación masculina y femenina que se ha mantenido prácticamente sin cambios en el último año.
Fuentes: INEGI (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, boletines de Pobreza Laboral), Infobae.

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