Durante buena parte de 2024 y 2025, el debate público sobre inteligencia artificial y empleo osciló entre dos extremos: el catastrofismo de un desempleo masivo inminente y el optimismo de que la IA simplemente crearía tantos empleos como los que elimina. Los datos acumulados hacia mediados de 2026 cuentan una historia más matizada, y en algunos aspectos más preocupante, que ninguno de esos dos relatos.
Según las Perspectivas del Empleo 2026 de la OCDE, el desempleo entre sus países miembros se mantiene cerca de mínimos históricos, en 4.9%, y el organismo proyecta que el empleo seguirá creciendo, aunque a un ritmo modesto de 0.3% este año. El propio secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, resumió el diagnóstico institucional con una frase que se ha vuelto referencia: "la IA está transformando el trabajo, más que reduciéndolo". Un estudio del BCG Henderson Institute publicado en junio de 2026 refuerza esa lectura con cifras concretas: entre 50% y 55% de los empleos actuales experimentará una transformación profunda en los próximos dos o tres años, pero eso no equivale a su desaparición, sino a un rediseño de tareas y funciones dentro de cada puesto.
Donde el impacto sí es más visible es en los extremos del mercado laboral. McKinsey calcula que 60% de los empleos corporativos enfrenta ya una transformación directa por IA, con hasta 45% de las actividades laborales potencialmente automatizables, aunque menos del 5% de las ocupaciones desaparecería por completo. El efecto más agudo se concentra en tareas rutinarias y predecibles —introducción de datos, atención telefónica, soporte técnico básico— y, de forma particular, en los jóvenes que buscan su primer empleo: la OCDE advierte que la IA ya complica el acceso al mercado laboral de quienes recién egresan, precisamente porque esas posiciones de entrada suelen concentrar las tareas más automatizables.
El fenómeno más difícil de capturar en las estadísticas oficiales es lo que algunos analistas llaman la "desaparición silenciosa" del empleo: empresas que no necesariamente despiden personal, sino que simplemente dejan de contratar porque equipos más pequeños, apoyados en IA, logran mantener niveles de productividad que antes requerían plantillas mayores. Esto hace que el impacto sea gradual y menos visible en las cifras generales de desempleo, aunque perfectamente real para quienes buscan entrar al mercado laboral. En México, un dato resume la ansiedad que genera este proceso: 51% de los trabajadores cree que la incorporación de IA en su lugar de trabajo beneficiará principalmente a las empresas, no a ellos mismos —un recordatorio de que, más allá de las cifras agregadas de empleo, la pregunta sobre quién capta el valor de esta transformación sigue, en gran medida, sin resolverse.
Fuentes: El Imparcial, El Ecosistema Startup, Tecnogus, TecnoBlog, RTA Noticias.
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